Ruta literaria por Zalamea de la Serena. (10 imágenes)

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Cogimos el autobús en la ‘’Universidad Laboral’’ de Cáceres a las 8:45 horas de la mañana del día Jueves, 6 de Mayo. Estuvimos dos horas de camino hasta nuestro primer destino, Zalamea de la Serena. Allí nos estaba esperando nuestra guía, que nos explicó la historia del pequeño pueblo. Fuimos a visitar el exterior del ayuntamiento, nos contó leyendas sobre algunas iglesias y castillos, etc. También visitamos la iglesia y a su lado el dístilo, que eran dos grandes columnas adornadas con capiteles.

Más tarde, fuimos a visitar el castillo de Zalamea de la Serena, al que no pudimos entrar, ya que estaba en obras. Fue cerca de él donde Antonio de Nebrija escribió la Gramática Castellana, en 1492. Además, fuimos a visitar la casa del alcalde Pedro Crespo, donde fue ahorcado Don Álvaro, hace muchísimos años, episodio recogido por Calderón en su obra.

Luego, volvimos a aquella plaza donde nos dejó nuestro autobús y tomamos el camino hacia Cancho Roano, situado a pocos kilómetros. Para llegar, entramos como en una especie de camino agrícola que nos llevó hasta el lugar. Allí, nos esperaba el Conceja de Cultura, que nos fue explicando todas las cosas que se encontraron allí, como figuras de caballos, cántaros, inscripciones, etc. Luego, fuimos a ver el templo del que nos había hablado nuestro guía, que era una especie de templo-casa de mucha extensión. Nos contaba que sus antiguos habitantes trataban aquello como un lugar sagrado en el que nadie más debía entrar más que ellos. Y por lo que se ve, cuando abandonaron el lugar, y para que nadie pisara aquel terreno, le prendieron fuego y le echaron muchísima tierra encima para taparlo, e hicieron una especie de monte, que lo camuflaba. Este monumento se encontró cuando el comprador del terreno quiso allanarlo para el cultivo.

A la salida de Cancho Roano, había unos merenderos debajo de unas enormes encinas y allí nos pusimos a comer sobre las 14:30 horas.

Volvimos a coger el autobús, para dirigirnos al encuentro con el escritor Justo Vila en el exterior del Santuario de Nuestra Señora de Belén. Su aspecto no es de muy viejo, aparentemente parece tener unos cincuenta años y tenía una gran amabilidad. Fue un encuentro muy emotivo y muy interesante. Nos contó la historia de la Guerra Civil, y de qué manera se escondía la gente por las colinas de aquellas sierras escarpadas. También nos contó su vida desde pequeño hasta la actualidad, que fue el tiempo más entretenido del reencuentro.

Más tarde, entablamos conversaciones con él, haciéndole varias preguntas, a las que él contestaba con gran amabilidad, como dije antes.

Luego, las profesoras le pidieron que firmase dos o tres libros de la biblioteca, y no firmó solo dos o tres, sino que firmó todos con mucho entusiasmo. Nos hicimos fotos con él y, posteriormente, llegó la despedida.

En conclusión, no nos importó si hacía buen tiempo o no, si llovía o granizaba, si hacía un calor impresionante o un frio para congelarte, lo único que puedo decir, es que lo pasamos GENIAL.

Manuel Moya Granado. 4º E. S. O. E