Texto que José María Serrano ha escrito una vez celebrado el encuentro

Mi última clase. Mi nube.

LLEGUÉ A LA LABORAL el 15 de septiembre del 73. Me jubilo este curso. O sea, que creía que el 18 de junio pasado, día en que acabaron las clases del 2002-2003, había dado mi “ultima clase”. Pues no. Mi última clase se celebró el 21 de junio.

La Providencia Divina, por mano (¡hay que ver!) de Juan Luis Corcobado, mi entrañable compañero Corco, me preparó algo inolvidable: celebrar mi última clase con mis primeras niñas (nunca me he referido a mis alumnas de aquellas fechas, y de otras posteriores, con otro nombre, ellas lo saben. Que me perdonen los chicos).
No se celebró en ninguna de las viejas y añoradas aulas que con nostalgia recorrimos juntos ese día... Se celebró en una nube. Ha sido la clase más corta de mi vida y duró desde las 9,30 de la mañana, hora en que di y recibí los primeros abrazos y derramamos las primeras lágrimas de felicidad, hasta... bien entrada la “madrugá”. Cortísima. ¡Ojalá siguiera todavía! Lo digo con los ojos empañados.
Digo se celebró porque nadie dio ni recibió. Bueno, todos dimos y recibimos mucho, muchísimo...

Contenidos:

  1. Recuerdo imborrable: bueno, algo difuso en ocasiones, pero lo que yo decía: “sonríeme” (¿qué tendrá el gesto, qué tendrá una sonrisa que, por ahí, nos localizábamos?).
  2. Agradecimiento infinito. Yo he recibido de mi alumnado mucho, muchísimo más de lo que les he dado. Gracias, niñas.
  3. Y sobre todo cariño. El 21 de junio del 2003 la Laboral estaba a reventar... de cariño. Cariño en todas las direcciones. Yo sabía que nos queríamos... Pero nunca sospeché el grado de ese cariño, hasta que no me fundí en un abrazo con ellas. ¿Verdad, Lola?, ¿verdad Carmen?, ¿verdad, María?, ¿verdad todas...? Me siento feliz de tanto cariño como tengo repartido y compartido por toda la geografía española y parte del extranjero.

Técnicas:

  • Entusiasmo juvenil a pesar de los más de 25 años transcurridos desde la última.

Examen:

  • Me suena eso de que al atardecer de la vida te examinarán del amor. Mi atardecer, o sea, mi jubilación.

    ¿Os acordáis?:

    Tu poeta
    no sabe nada de nada.
    Francia al Norte...
    al sur Granada...,
    carne negra al Ecuador...,
    al Oeste, Portugal...
    ¿Y el amor?
    ¿Es que el amor se ha quedado
    sin su punto cardinal?
    Pues yo lo tengo anotado
    en mi pobre geografía:
    al Norte, tú, noche y día;
    al Sur, tú, tarde y aurora;
    al Este, tú, vida mía,
    y al Oeste, hora tras hora.
    Carne negra al Ecuador...
    Mallorca y Venecia al Este...
    ¿Y el amor?
    ¡Norte, Sur, Este y Oeste!

    (Lección de Geografía, de Manuel Benítez Carrasco).

Nota: todos Sobresaliente cum laude.

¿Quién te dijo, Lola, eso de prima non datur et ultima dispensatur? ¿Yo? Pues me equivoqué. ¡Menuda última clase! ¡Menudo alumnado! Casi se ha cerrado un círculo mágico. Digo casi porque me resisto a creer que esto sea irrepetible.

Por favor, si no ha sido real, no me lo digáis, no me bajéis de mi nube.